… ya había percibido cierto aroma “nazi” en la república utópica de Platón. Desde que sugirió prohibir toda manifestación artística que no siguiera el lineamiento templado y armónico. O cuando propuso que la frialdad y espíritu inflexibles eran cualidades que debían cultivarse desde muy jóvenes a los futuros “guerreros”…
… además de sus planes expansionistas, para los cuales se valdría de la guerra, en los cuales se vería apoyado por repúblicas aliadas, a las que serían entregadas las riquezas saqueadas…
Pero debí detener mi lectura, un tanto espantado, luego de llegar al siguiente fragmento:
“Pues de acuerdo con nuestros principios es necesario que las mujeres y los hombres mejores tengan relaciones asiduas y que, por lo contrario, estas relaciones sean poco frecuentes entre los individuos inferiores de uno y otro sexo; es preciso, además criar a los hijos de los primeros y no de los segundos, si queremos que nuestros ciudadanos sean de mejor calidad posible. Por otro lado, es menester que todas estas medidas se mantengan ocultas, excepto de los gobernantes, para que no haya la menor discordia entre los guardianes. Ahora bien, los hijos, a medida que vayan naciendo, estarán a cargo de instituciones formadas por hombres o por mujeres, o por hombres y mujeres reunidos, pues las tareas son comunes, creo yo, al uno y al otro sexo… Llevarán a los hijos de los mejores a un establecimiento común y los confiarán a nodrizas que vivirán en un barrio determinado de la ciudad. Los hijos de los individuos inferiores e igualmente los de los otros, si nacen con alguna deformidad, serán ocultos en algún lugar secreto e incierto”. Extraído de La República, de Platón. Libro quinto.
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domingo, marzo 2
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